
Me despierto antes que nadie.
No sé qué hora es, pero tampoco me importa. He dormido estupendamente y hay algo que me dice que hoy va a ser un buen día.
Abro los ojos, levanto las orejas y escucho.
Pájaros.
Hojas moviéndose.
Algún ruido lejano.
Y, sobre todo, ese montón de olores nuevos que ayer todavía no conocía.
Estoy de camping.
Y tengo todo el día por delante.
Buenos días, familia
Mi familia todavía duerme. Yo, en cambio, tengo asuntos importantes que atender.
Hay que comprobar qué ha pasado durante la noche.
Salgo al exterior y empiezo mi inspección.
Primero, el árbol de la derecha.
Después, el camino.
Luego, aquel rincón que ayer olía especialmente bien y que, por supuesto, merece una segunda investigación.
Esto de estar rodeado de naturaleza es fantástico.
En casa conozco prácticamente todos los olores. Aquí cada paso es una sorpresa.
Cuando finalmente aparece mi humano, le recibo como si llevara varios meses sin verlo.
Él dice que solo ha dormido unas horas.
Yo considero que ha sido una eternidad.
El primer paseo del día
Después del desayuno llega mi momento favorito: el paseo.
No es como los paseos de casa.
Aquí hay caminos.
Hay árboles.
Hay hierba.
Hay otros animales.
Hay sonidos que no sé identificar.
Y hay millones de olores que necesito analizar.
Mi humano lleva la correa y caminamos juntos. A veces voy delante y otras veces me paro porque he encontrado algo importantísimo que investigar.
Él dice:
—Vamos, que tenemos mucho día por delante.
Tiene razón.
El camping es mi nuevo territorio
Después de unos días en un camping Campingred, empiezo a reconocer algunos lugares.
Sé dónde está nuestro alojamiento.
Sé por qué camino solemos salir.
Sé dónde mi humano se sienta a desayunar.
Y, sobre todo, sé que siempre hay algo nuevo que descubrir.
Para mí, el camping no es simplemente el lugar donde dormimos.
Es un territorio lleno de estímulos.
Cada mañana aparecen nuevos sonidos y nuevos olores. Y cada paseo es diferente, aunque recorramos el mismo camino.
Creo que a los humanos les pasa algo parecido, aunque ellos necesitan mapas para orientarse.
Hoy toca excursión
Después de desayunar, mi familia empieza a preparar una mochila.
Eso solo puede significar una cosa.
Nos vamos de excursión.
Yo observo atentamente cómo guardan agua, comida y algunas cosas que no sé para qué sirven.
Cuando aparece la correa, ya estoy preparado.
Subimos al coche y comienza la aventura.
No sé exactamente adónde vamos, pero confío en ellos.
Además, viajar en coche significa que probablemente habrá un paseo extraordinario al final.
La naturaleza se disfruta con el hocico
Llegamos.
Nada más bajar, sé que este lugar es diferente.
Respiro profundamente.
Hay tierra húmeda, árboles, plantas, agua y cientos de olores diferentes.
Mi humano mira el paisaje.
Yo también.
Aunque, sinceramente, creo que lo estoy disfrutando de otra manera.
Ellos miran hacia las montañas.
Yo miro hacia las montañas y huelo las montañas.
Ellos ven un sendero.
Yo sé quién ha pasado por ese sendero antes que nosotros.
Ellos hacen fotografías.
Yo dejo que me hagan alguna, porque sé que eso les hace felices.
Una pausa para descansar
Después de caminar un buen rato llega el momento de parar.
Bebemos agua y nos sentamos un rato.
Yo aprovecho para tumbarme cerca de mi familia.
El camping me ha enseñado algo importante: no siempre hay que estar corriendo.
También está bien simplemente estar juntos.
Escuchar los sonidos de la naturaleza.
Sentir el sol.
Dormir un poco.
Y esperar a que alguien diga:
—¿Seguimos?
Por supuesto que seguimos.
La hora de comer
Cuando regresamos al camping, estoy cansado.
Pero es un cansancio bueno.
De esos que hacen que comer sea todavía mejor.
Mientras mi familia prepara la comida, yo descanso cerca.
Quizá incluso consiga que alguien comparta conmigo algo especialmente delicioso.
No quiero abusar de mi suerte.
Aunque tampoco quiero desaprovechar una oportunidad.
Una tarde tranquila
Por la tarde no hace falta hacer grandes planes.
Quizá damos otro paseo.
Quizá exploramos los alrededores.
Quizá simplemente nos quedamos descansando.
Y eso también me gusta.
Porque una de las mejores cosas de viajar con mi familia es que estamos juntos durante todo el día.
En casa, ellos tienen muchas cosas que hacer.
Aquí parece que tienen más tiempo para mí.
Y eso, aunque no sepan decirlo, también creo que les gusta.
Cuando llega la noche
El día empieza a terminar.
El camping cambia.
Los sonidos son diferentes.
Hay menos movimiento y la temperatura baja.
Mi familia se sienta un rato a descansar y yo me tumbo cerca.
Estoy agotado.
He olido cientos de cosas, he recorrido caminos nuevos, he viajado en coche, he descubierto lugares y he pasado todo el día con ellos.
No podría pedir mucho más.
Antes de dormir, miro una última vez alrededor.
Mañana habrá nuevos olores.
Nuevos caminos.
Nuevas aventuras.
Y probablemente otra excursión.
O quizá no.
Porque he descubierto que en un camping también es posible no hacer absolutamente nada.
Mañana volveremos a explorar
Antes de cerrar los ojos, pienso en algo.
Los humanos dicen que cuando se van de vacaciones quieren desconectar.
Ahora entiendo lo que significa.
Para mí, desconectar es esto:
Salir a caminar.
Oler la naturaleza.
Dormir tranquilo.
Jugar.
Estar con mi familia.
Descubrir lugares nuevos.
Y no tener ninguna prisa.
Quizá por eso me gusta tanto venir de camping.
Porque cuando estamos en un camping Campingred, ellos parecen más felices.
Y cuando ellos están felices, yo también.
Así termina mi día de camping.
Mañana volveremos a empezar.
Y estoy seguro de que habrá algo nuevo que descubrir.
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